jueves, 31 de enero de 2013

No me rompes la cara, me rompes el corazón

Siguen preguntándome por qué sigo junto a él, y porque tengo tanta paciencia  por qué de lo buena que soy llego a ser imbécil.
Debo cambiar, ya es hora, de plantarle cara, la cara que él ha magullado estos últimos diecisiete años. Debo dejar de encogerme cada vez que levanta la mano, soy más fuerte que él. Cada esquina me ha visto llorar, suelo resbaladizo de mis lágrimas, los moretones tapados, las ojeras por miedo a dormir. Todo se acabo. No voy a dejar que el tiempo pase, encerrada en un cutre baño, a oscuras, porque ya temo mirarme al espejo y no reconocerme. 
Esta bien no estar bien. Pero es hora de levantarme, y acabar con lo que tu has creado, y con lo que te has convertido, porque ya no eres ese hombre al que iba a despertar cada mañana con un beso de buenos días, eres un monstruo, dejaste de ser aquel hombre el día de la primera cachetada. 
No es un crimen pegar a una hija, pero no es escusa para lo que haces. Yo no soy tu saco de boxeo al que pegas hasta quedar agotado, te vas y luego vuelves con tres regalitos. 
Yo no soy la putita de nadie, yo no te voy a aguantar ninguna más. Ahora soy fuerte.
Te lo diré por última vez, atento; te quiero Papá

Fd. C.

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